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¿Alguna vez has sentido, algún dolor, un malestar, una angustia, alguna ira que te ha hecho sentir mal, un tormento, un disgusto, una amargura, un rencor, celos o una inquietud por cambiar tu vida y no sufrir más?

"Todo ser humano es débil, toda carne es como hierba y toda gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae" (1ra. de Pedro 1:24).

Todo lo que nos hace incomodar, el cuerpo lo rechaza y nos sentimos mal. Todo ser humano ha experimentado alguna vez; un suspiro muy profundo, bien sea de dolor o de placer; lo cierto es que todo proviene de un alma que hay dentro de ti; la cual el Señor Jesucristo quiere salvar y sanar.

Dios nos dice en su palabra: “He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4).

¡Amigo por medio de este tratado, te es posible conocer una gran verdad! No hay dolor que se asemeje al que sufrió nuestro Señor Jesucristo: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías: 53.3- 5).

¡Que sufrimiento incomparable! y todo lo soportó por amor a nosotros. Él mismo cargó con la cruz camino al Gólgota donde iba a ser crucificado, pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, le escupieron el rostro, le dieron de bofetadas, le halaron su barba, le golpearon en la cabeza y las espinas se hundieron en su sien, le dieron a beber vinagre mezclado con hiel. Le azotaron su cuerpo, desfigurándole. (Leer Juan Cap. 19)

¡Que dolor tan grande, el de nuestro Señor Jesucristo!. Con certeza te podernos decir: Él es la medicina para tus sufrimientos cualquiera que sean: “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”. (Salmo 103: 3 -5)

Nuestro propósito no es convencerte o que te sientas, como el que espera un milagro operacional en su vida; por aceptar lo dicho en este papel. Nuestro propósito es que medites y reflexiones sobre tu vida. Por lo que puedas estar pasando, clama al que es poderoso para brindarte el pronto socorro, el que puede perdonar tus iniquidades por grandes que estas sean, el que sana las heridas del pecado y el que puede librarte de la condenación del infierno... ¡Clama a el Señor Jesucristo!

“Oh! no hagas más demora a Jesús amigo ve, él te salvará ahora; si tu vas a él por fe”. Amen.

Jesús dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Marcos 2:17).

 “Porque el Hijo del Hombre (Jesucristo) vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito (Jesucristo), para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Escrito por una hermana, miembro de una de las asambleas que se congregan sencillamente en el nombre del Señor

La Voz en el Desierto

Las asambleas que se congregan sencillamente en el nombre del Señor en Venezuela no tienen un sitio o página web “oficial”.  El contenido sobre las asambleas que se puedan encontrar en diversas páginas web, como ésta (Entregando el Pan), así como en redes sociales (como facebook), queda exclusivamente bajo la responsabilidad de sus autores, creadores o editores.

 

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